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Diario

Este es el diario de Jan. Si queréis recibir este diario semanalmente por correo electrónico, escribid vuestro mail en el formulario de contacto.

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Jerusalem (ver sobre el mapa)

04/03/2008:
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A las 5:30 dejé la autocaravana cerrada en la calle, delante la casa de Thomas, y me dirigí en taxi hacia la parada de autobús, donde después de esperar una hora subí a un gran bus donde sólo había otro pasajero dirigiéndose también a Israel. Aunque después se añadieron más pasajeros, eso me confirmó el comentario de Thomas que se me había asegurado de que entre Israel y los países árabes había muy poco negocio e intercambio, a pesar de la proximidad. Al llegar a la parte Israel de la frontera del Puente Hussein, jóvenes militares con metralletas a punto de disparar y chicas con protección antibala detuvieron el autobús. Mientras yo estaba tomando nota de estas observaciones, un oficial muy severo subió al autobús y me hizo bajar dejando al resto de pasajeros arriba. Después de pasar por diversos detectores de metal y por una extraña máquina que me abanicó la ropa, el oficial me ametralló a preguntas: por qué iba a Israel, a quién conocía, qué había hecho en Sudán, qué estaba escribiendo en el autobús ... Superado el interrogatorio me añadí al resto de los extranjeros no palestinos (éstos tenían otra cola) y entregué mi pasaporte a una chica de origen Etíope insistiendo en que no me estamparan ningún sello, para poder entrar después a Siria. La mayoría de los trabajadores de la frontera eran chicos y chicas muy jóvenes (muy probablemente haciendo el servicio militar) y multirraciales. Observé que mi pasaporte iba pasando por diferentes manos y siempre que podía me dirigía a la persona que lo tuviera y me hacía pesado pidiendo:
- ¿No me estamparéis ningún sello, no?
Aun así, me engancharon un adhesivo detrás del pasaporte que después tuve problemas para arrancarlo.

Mientras esperaba, conversé con un inglés que trabajaba para una ONG ayudando al pueblo palestino y me explicó muy enfadado que, Israel y los gobiernos que lo soportan son los únicos responsables del conflicto entre Israel y Palestina. Una parte de la solución sería que los millones de refugiados palestinos pudieran volver a sus tierras y también fueran compensados económicamente. Muy probablemente una propuesta inaceptable para los Israelíes, y por lo tanto, parece que el conflicto seguirá por muchos años más. Más tarde he conversado con otra cooperante también muy crítica con el gobierno Israel. Y finalmente he hablado con una Colombiana que iba a visitar un amigo y a quien finalmente han denegado la entrada.

Mientras tanto, las horas iban pasando y, observando que el resto de extranjeros iba pasando, yo preguntaba:
- ¿Qué pasa con mi pasaporte?
Y siempre me respondían:
- Un momento, todavía estamos procesando tu información.
Pero finalmente, me llamaron para una segunda entrevista. Tuve que vaciar todos mis bolsillos y me cerraron en una habitación con un corpulento chico a mis espaldas y una entrevistadora en frente, que me empezaron a acribillar otra vez a preguntas. Tenían miedo que me quisiera reunir con palestinos o que llevara algún mensaje de alguien del Sudán. Finalmente me hizo esperar un buen rato más, durante la cual seguramente siguieron rastreando toda la información que constaba junto a mi nombre en Internet, y pasadas un total de 5 horas esperando, me estamparon el sello de entrada en Israel en un papel separado del pasaporte.

Tanta seguridad en la frontera seguramente se debía a la nueva escalada del conflicto palestino - israelí, en la cual, terroristas habían tirado numerosos cohetes caseros desde el territorio de la Franja de Gaza contra diversas ciudades fronterizas de Israel, llegando a matar a alguna persona, y en respuesta los Israelíes habían bombardeado y matado a decenas de personas, entre ellas niños y mujeres. Y a consecuencia también de esta escalada en el conflicto, en Jerusalén, paseando por la ciudad antigua, toda ella amurallada, me encontré con que la mayoría de comercios cerrados, como protesta de los comerciantes palestinos por las matanzas de Israel.

Jerusalén es considerada una ciudad santa por las tres grandes religiones monoteístas: Judaísmo, Cristianismo e Islam, y sobradamente disputada a lo largo de la historia, con cruzadas, guerras, intifada ... aunque tradicionalmente la ciudad siempre ha estado dividida en cuatro áreas o barrios: judía, cristiana, musulmana y armenia. Entré por el barrio musulmán y a continuación entré al judío, después de cruzar un detector de metales. Allí me encontré de cara con la pared de las lamentaciones, una pared de piedra que formaba parte de un antiguo templo sagrado judío que fue destruido, y curiosamente ahora forma parte de la muralla que rodea la bonita mezquita de la cúpula de la roca, la cual ocupa la situación original del santuario judío. De todas maneras, el judaísmo considera que Dios movió su presencia del antiguo santuario a la pared de las lamentaciones o nombrada también Pared Oeste. Y al llegar yo, decenas de judíos vestidos de negro y con casquetes cubriéndose la coronilla (simbolizando el aura, según un amigo Israelí) o sombreros de ala o de formas estrambóticas, leían libros gimiendo en voz alta de cara al muro mientras se balanceaban adelante y atrás, algunos con rítmicas y violentas sacudidas.

Por la noche, Eli, un chico de couchsurfing me recibió y tuve oportunidad de convivir con una feliz familia Israelí. Desde su casa, me comenté a Internet y casualmente leí en el diario que el mismo día que se estaba acabando, Israel había hecho una pequeña incursión militar a Franja de Gaza matando a unas 60 personas, incluyendo mujeres y 8 niños. Comenté la noticia a Eli, pero él no se la creyó, y es natural, porque en los diarios de Israel en Internet sólo informaban en una sola línea (que costó encontrar) que el ejército había matado el mismo número de personas, pero indicando que el 90% iba armado. Al preguntarle a Eli si creía normal la desproporción entre los muertos palestinos y los israelíes, me comentó que sí, simplemente porque Israel es más eficiente militarmente. Y añadió que los terroristas palestinos atacan directamente la población, en cambio, los soldados israelíes buscan matar a los terroristas, aunque en la acción puedan matar niños de los alrededores. No me parecieron unas opiniones muy convincentes bajo el concepto de justicia humana o paz y acabé pensando que otros millones de opiniones como ésta hacían más complicado de acabar con el conflicto. De la misma manera que el conformismo y consumismo de millones de familias del mundo desarrollado, incluyéndome a mí, seguramente están colaborando con la miseria del resto del mundo. Aunque siempre haya algunas buenas acciones. Por ejemplo, el Eli lamentaba que según la ley israelí, la tierra que no se cultiva pierde el propietario si otro la cultiva, permitiendo que algunos israelíes ganen la tierra de muchos palestinos refugiados que no pueden volver. Eli, en colaboración de algunas ONGs y otros palestinos ayuda a plantar árboles en estas tierras para que no pierdan sus propietarios actualmente refugiados. Por otro lado, puedo parecer muy crítico con Eli y otros millones de Israelinos, pero eso no impidió que considerara a Eli un chico fenomenal a quien podría tener como un verdadero amigo.

El siguiente día volví a la ciudad antigua e hice una larga caminata por encima las murallas, sin demasiado interés, y a continuación me dirigí hasta la mezquita de la Cúpula de la Roca, otro lugar sagrado, esta vez para los musulmanes, porque consideran que éste es el punto donde el profeta Mohamed ascendió al cielo, después de que su cuerpo fuera transportado milagrosamente desde la Meca. De hecho, la mezquita de la Cúpula de la Roca es la tercera más santa, después de las de la Meca y la Medina, e incluso, originalmente las plegarias musulmanas se hacían en esta dirección en vez de hacía la Meca. No es de extrañar pues que exteriormente (no es permitido de entrar dentro a los no musulmanes) la mezquita sea estupenda, con unos detalles de arte islámico como siempre sorprendentes, igual que su gran cúpula dorada, que es visible desde buena parte de la ciudad.

A continuación, andando por pequeñas callejuelas empedradas y empinadas, algunas desérticas y otras hirviendo de comercio, generalmente destinado a los turistas o peregrinos, llegué a la iglesia del Santo Sepulcro, una iglesia venerada por todas las confesiones cristianas al creer que estuvo erigida sobre la colina donde fue crucificado Jesús y donde también fue enterrado. En la entrada de la iglesia había una gran losa de mármol donde se cree que el cuerpo de Jesús fue amortajado y donde decenas de creyentes se agachaban para besarla, tocarla y tenderse devotamente y apasionadamente. Subiendo unas escaleras había una capilla situada en el punto donde se creía que Jesús fue crucificado, y de nuevo, largas colas se esperaban para agacharse bajo el altar donde está el agujero que sostenía la cruz. Y en otro extremo de la iglesia había todavía más colas para entrar en la pequeña capilla donde estuvo enterrado Jesús (demasiado cerca un punto del otro). Preguntando, un monje me comentó que la iglesia estaba al cargo de la confesión greco-ortodoxa, pero después he leído que la custodia está al cargo de diversas confesiones, con no pocos conflictos entre ellas a lo largo de su historia.

Por la tarde me volví a reunir con Eli, conversando animadamente e intentándome convencer de la existencia de la telepatía y por la noche fuimos a ver a un partido de básquet a casa de un amigo suyo, que de aquí poco hará un largo viaje por latino-amèrica. Y hoy por la mañana he dejado Jerusalén, he cruzado sin ningún problema la frontera Israelí y Jordana y he llegado a Ammán donde la autocaravana todavía estaba en el mismo lugar sin que nadie la hubiera tocado.

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Aproveché mi estancia en Israel para tomar el pulso al mundo con Eli, el cual opinaba que el principal problema del mundo son los humanos que son demasiados egocentristas. La solución sería la conciencia, la paz empieza por el interior. En Israel el principal problema es la interminable guerra. La solución tardará mucho a aparecer. Él intenta mantener amistad con todas las partes. Eli se considera muy feliz. No necesita preocuparse por ser más feliz. El secreto de la felicidad es estar contento con lo que tienes.





Jordan

Frontera amb S?ria (ver sobre el mapa)

10/03/2008:
Siria, protest in the border


Había eliminado cualquier evidencia que delatara mi anterior presencia en Israel, había borrado archivos del ordenador y ocultado carpetas, y había bien escondido por el coche un pequeño mapa de Jerusalén, un bloc de notas describiendo mi estancia allí y el papel con el sello de entrada y salida. Aun así, todavía pensaba que podría tener problemas para entrar en Siria (un país con una parte del territorio aun ocupado por Israel), sobre todo por que detrás del pasaporte y había restos evidentes que había existido un adhesivo (que me habían enganchado los israelíes). En cualquier caso, había bien repasado una historia muy buena: en un club de buceo en Egipto me habían enganchado un adhesivo detrás del pasaporte al alquilar un vestido de neopreno.

Crucé sin problemas Jordania pero en frontera con Siria, después de observar la marca del adhesivo detrás del pasaporte me comentaron, sin mostrar gravedad, que tendrían que recibir una confirmación desde Damasco. Esperé las dos horas que me pidieron y a las 6 me comunicaron la noticia que hizo que el mundo se cayera a mi pies. No podía entrar en Siria porque estaban convencidos que había entrado en Israel. Intenté pedir explicaciones, argumentar con ellos, hablar con el jefe ... Pero la respuesta siempre fue la misma, estaban convencidos que había entrado en Israel y eso me privaba de entrar en su país. Un joven policía me acompañó fuera, pero sin hacerle caso, me dirigí a un hotel de la misma frontera para hacer una llamada a la embajada de España en Siria, cuyo cónsul me comentó que al día siguiente trataría de encontrar una solución. Volví al coche desconsolado pero todavía no rendido. Si no conseguía entrar en Siria, muy probablemente, tampoco podría entrar en Irán, pues este país tampoco deja entrar a nadie que haya visitado Israel. Por otro lado, la única manera de llegar a Turquía por el suelo era a través de Siria, y en aquel momento no consideraba viable ninguna otra opción.

El joven policía de Siria, me acompañó en la autocaravana hasta la frontera de Jordania, pero quedó bien descolocado cuando le informé que no quería entrar en Jordania y estacioné a la mitad de los 100 metros en que separan las dos fronteras. Nuevos funcionarios de Siria me hicieron aparcar un poco más cerca de Jordania. Después fueron los jordanos que vinieron a preguntarme qué hacía aparcado allí. Pero cuándo les anuncié que no podía entrar en Siria pero que no quería entrar de nuevo a Jordania y me dejaron estar acampado allí sin demasiados problemas.

Recordaba una pequeña revolución que había manifestado pocos años atrás, cuanto antes de hacer un viaje a Kenia y Tanzania, fui a un centro de vacunación que me habían asignado hacía algunas semanas. Admito que llegué 5 minutos tarde a la consulta, pero por culpa de este retraso, la enfermera que estaba vacunando a muchos otros viajeros, se negó a pincharme. Yo sabía que si no me vacunaba aquel día, me volverían a dar hora al cabo de tres o cuatro semanas, después de la salida del avión, y que si no tenía el carné de vacunaciones en regla me arriesgaba a no poder entrar en Kenia (o a enfermarme). Ante tal situación, cogí un papel de un mostrador, escribí "¡me quiero vacunar!" y me senté en las escaleras en señal de protesta. Al cabo de dos horas, después de incluso forcejear con los guardas de seguridad, me vacunó otra enfermera. En cualquier caso, sabía que esta lucha con las autoridades y la ley Siria sería mucho más complicada y larga.

El día siguiente por la mañana, los policías de Jordania me dejaron ir a comprar dentro de las instalaciones de la frontera una tarjeta SIM jordana para el teléfono móvil, con la cual envié un mensaje a Alexandra y llamé a la embajada Española en Jordania y Siria, las cuales me comentaron unas horas más tarde que no podían hacer nada que me pudiera permitir una entrada a Siria y me recomendaban de volver atrás. Estaba cabreado con las autoridades de Israel por enganchar adhesivos detrás del pasaporte cuando de buen seguro sabían que eso privaba la entrada en Siria, también estaba cabreado con las autoridades Jordanas por que probablemente tenían un topo en su frontera que estaba informando de quién entraba a Israel o quien no, y por supuesto estaba cabreado con las autoridades Sirias, aunque comprendía que estaban cumpliendo su ley, seguramente con la información recibida por su espía en Jordania.

De todas maneras, todavía no pensaba rendirme. Empecé a enganchar carteles al parabrisas y en la puerta de la autocaravana con el mensaje en inglés "Quiero cruzar Siria para entrar en Turquía". Mientras tanto, Alexandra intentaba crear conciencia a través de Internet para defender mi causa, pero seguramente hay problemas mucho más importantes en el mundo y sólo recibí un par de llamadas de unos Sirios de couchsurfing comentándome de lo que no podían hacer nada para ayudarme. Aun así, todavía pensaba que me esperaría muchos más días o semanas entre las dos fronteras hasta encontrar una solución. Tenía bastante comida en la casa, además, de seguro que los camioneros me podrían ofrecer comida más adelante, porque aunque no hablaran inglés, éstos parecían tener simpatía por mi situación, y algunos de ellos ya me habían ofrecido agua para cargar la autocaravana.

A pesar de todo, a medida que pasaban las horas y los pocos días, también me daba cuenta de que realmente tendría que estar semanas, meses o años entre las dos fronteras, sin tener asegurada la victoria. Por otro lado, aunque considerara completamente injusto no poder transitar por un territorio, ésta tampoco era mi lucha, y pensaba que más adelante encontraría otras guerras más importantes a las que dedicar mi tiempo y energía, y que ahora me tocaba seguir viajando para conocer mundo y seguramente descubrir cuáles serán las futuras batallas en las que realmente querré luchar.

De todas maneras, rendirme me llenaba de pesimismo. Las opciones para embarcar el coche hacia Turquía eran Israel donde difícilmente me dejarían entrar el coche; Egipto, donde seguramente tendría los mismos problemas para entrarlo que la primera vez; cruzar Irak, casi completamente descartado; o olvidarme de Turquía e intentar cruzar Arabia Saudita, Emiratos Árabes y tomar barco hacia Irán, donde tampoco me dejarían entrar si descubrían que había estado en Israel.

En cualquier caso, antes de abandonar, decidí pasar una otra noche entre las dos fronteras, durante la cual envié un SMS al cónsul español de Siria preguntándole si era válida la opción que un conductor condujera mi coche por tierras sirias hasta la frontera con Turquía, mientras yo tomaba el avión. Al día siguiente por la mañana me volvió el optimismo otra vez cuando recibí un SMS del cónsul comentándome que trataría de encontrarme un conductor. Animado, también contacté a un señor Siriano que hacía dos días se había parado al lado de la autocaravana para ofrecerme ayuda. Al cabo de poco el sirio me telefoneó para comunicarme que había encontrado un conductor por 300 $. Pero una hora más tarde fue el cónsul que llamó comentándome que había encontrado una empresa que me cobrarían sólo 100 $.

Ante esta nueva perspectiva, arranqué los carteles del coche para suavizar cualquier tensión que pudiera haber con los aduaneros sirios. Y aun más, decidí abandonar la tierra de nadie, el espacio entre las dos fronteras para volver a entrar a las instalaciones de la frontera jordana. Pero este retorno, que pensaba que sería positivo para los aduaneros jordanos y sirios, originó otro problema. Los policías Jordanos me comunicaron que podía dejar el coche aparcado allí, pero yo no podía pasar la noche en las instalaciones frontera. Pero yo no quería ir a Ammán, ni tampoco sacar el coche de la frontera, pues las tasas de entrada en Jordania eran elevadas. Por otro lado, tampoco me dejaban volver entre las dos fronteras donde había estado acampando las últimas tres noches. Entonces les planteé, que dejaría el coche dentro de las instalaciones, pero yo cogería la tienda y acamparía justo a fuera la frontera, y ante esta propuesta tan ridícula, finalmente la jefe de inmigración me dejó vivir en el coche de manera excepcional. Y en este momento no fui capaz de reprimir las lágrimas ni de llorar en silencio. La jefe de inmigración me preguntó qué me pasaba, pero no fui capaz de explicarme. Estos días los había vivido con demasiada tensión, pero aparte, las lágrimas parecían la única manera de expresar el inmenso sentimiento de agradecimiento que sentía por todas aquellas personas (Alexandra, el cónsul, el jefe de inmigración, amigos en Cataluña, y otros) que estaban preocupándose por mí, implicándose más allá de sus responsabilidades para encontrarme una solución.

Ahora sólo faltaba que mi amigo Marc, gerente de la empresa Servicios de Internet Javajan y propietaria de la autocaravana, firmara un documento otorgando el poder de conducción al chofer encontrado por la embajada. Pero al llamar a Marc, éste me comentó que estaban celebrando en otra población la fiesta de despedida de solero de otro buen amigo que se casaba, y que la fiesta seguiría al día siguiente, por lo tanto (sin ganas de estropear estos entrañables desenfrenos) me tendría que esperar dos noches más, hasta el lunes.

Hoy lunes por la mañana, Marc me ha confirmado que había enviado el fax con los poderes a la embajada de España en Siria. Entonces he llamado al director de la empresa del chofer, comunicándole que éste podía pasar a buscar el fax en la embajada y después venir a buscar el coche en la frontera. Pero cuando el conductor se ha presentado al mediodía a la frontera, éste se había olvidado el fax, pero por otro lado, cuando ha subido a la autocaravana y he empezado a enseñarle todas las cosas que poseía la autocaravana su cara sonriente se ha apagado enseguida. Y inmediatamente me he dado cuenta de un problema con el que no había contado. A mí no me dejaban entrar en la aduana Siria, por lo tanto el conductor tendría que mostrar todo el contenido, pero él no podría explicar todas las cosas que llevaba la autocaravana (por ejemplo medicamentos), y quizás las autoridades retendrían el coche hasta que alguien - que no podía entrar - pudiera declarar el contenido.

El conductor ha vuelto hacia Damasco con la promesa que al día siguiente volvería con el fax. De todas maneras, la idea del chofer ya no me parecía tan buena. Al hablar con el cónsul, éste me sugirió una vez más volver a Jordania. Y finalmente, al no poder hablar con el director de la empresa del chofer, y después de estar 6 días retenido en la frontera, sin Internet, sin interactuar con casi nadie, afrontando problemas diarios, aburrido, cansado, desesperado,... he decidido abandonar, sin ni tan solo esperar a mañana, y al anochecer he vuelto a pagar las tazas de entrada para Jordania para el coche y me he dirigido hacia Ammán.



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